Grupos de la muerte: perfil de las víctimas y de los psicopatas creadores.

Antes de nada, quisiera pedir disculpas por haber estado un tiempo sin publicar. Últimamente, he estado bastante ocupado, pero esta semana he decidido volver a escribir artículos para acercar al mundo un poco de psicología, y pensé: qué mejor forma de volver que hacerlo con una noticia que me erizó la piel cuando la leí.

La semana pasada estaba revisando alguna de mis apps de noticias y observé una imagen bastante impactante, sumamente perturbadora y, como mínimo, hipnótica. La noticia trataba sobre el suicidio de un niño de 10 años en Nápoles, Italia. En su carta de despedida dirigida a sus padres escribió “Tengo que seguir al hombre de la capucha”. Aunque el suicidio de un niño ya es llamativo por sí solo, me encontré con esta perturbadora imagen.



Esta persona es Jonathan Galindo, ¿espeluznante verdad? Esta persona está creando una nueva moda entre los niños y adolescentes que consiste en hacer retos virales que terminan en suicidio, pasando previamente por diferentes pruebas que incluyen automutilaciones o actividades de alto riesgo para los niños y adolescentes.

Aún no se conoce muy bien las actividades o el modus operandi de estos retos, probablemente porque sería contraproducente dar esta información al público.

Seguro que recuerdan el horrible reto de la “Ballena azul”, en 2018, que consistía en superar 50 pruebas de diversa temática: desde conductas disruptivas, hasta levantarse a altas horas de la madrugada para ver una película de terror, o hacerse automutilaciones. La prueba final, por supuesto, consistía en saltar de un edificio. Solamente en Rusia, este reto hizo que más de 150 niños y adolescentes se quitaran la vida.



Tampoco olvidemos el famoso reto MOMO: un contacto intentaba entablar contigo una conversación por Whatsapp y te mandaba insultos, amenazas e imágenes con alto contenido sexual y violento, esto no solo causaba una serie de síntomas psicológicos en los pacientes: ansiedad, angustia, desesperación, etc., sino que se utilizaba como forma de hackear tu teléfono móvil y obtener tu información privada, con el propósito de ser utilizada en tu contra. Se dieron muchos casos de personas de las que se obtuvieron fotos privadas y a las que se les hizo chantaje, incluso existieron casos de suicidio relacionados con este fenómeno.



Todos estos “retos” me llevaron a pensar: ¿qué hace que una persona comience o se deje influenciar tanto? ¿Cuál es el perfil de las víctimas? ¿Cuál es el perfil del creador de estos juegos? ¿Es posible prevenirlo?

La respuesta no es nada compleja.

Las víctimas suelen ser adolescentes entre 10-20 años y suelen cumplir con una serie de pautas:

· Imitación: Por lo primero que los chicos se involucran es por imitación. Los adolescentes están en búsqueda constante de su identidad y aceptación de los otros.

· Tristeza: Los chicos que se acercan y terminan este juego tienen en común síntomas depresivos y una actitud triste hacia la vida.

· Manipulables: Son chicos con baja autoestima, con trastornos que les permite dejarse liderar por un líder carismático y, en este caso, psicopático.

· Suicidio: Los adolescentes que hacen este tipo de juegos y los llevan adelante ya han tenido pensamientos suicidas en la antigüedad, incluso algún intento.

Perfil del creador o incitador de los retos:

Estas personas son claros sociópatas. Sin ir más lejos Philipp Budeikin, antiguo estudiante ruso de psicología y creador del juego de la ballena azul, declaró que hizo el juego para “limpiar a la sociedad de personas inútiles en la vida y por la sensación de tener el control sobre un enorme grupo de personas”. Este tipo de personas son semejantes a los líderes de sectas como Charles Manson, personas sumamente carismáticas, sin empatía y con una gran capacidad de convencimiento sobre otras personas.

¿Es posible prevenir este tipo de juegos en los adolescentes?

Aunque hay varias señales de este tipo de contacto, no suelen ser obvias puesto que los criminales practican y abogan por la discreción para evitar ser detectados o identificados.

Sin embargo, existen algunas señales que podrían dar ciertas pistas:

· Los adolescentes se vuelven muy reservados, particularmente en torno a lo que hacen online.

· Pasan mucho tiempo navegando en internet o compartiendo en redes sociales.

· Cambian rápidamente la pantalla de sus dispositivos cuando alguien esta cerca.

· Se retrae o manifiestan ira después de usar internet o enviar mensajes de texto.

Aunque la mejor forma de prevenir estos comportamientos es crear una relación de confianza con tu hijo en la que se sienta cómodo para contarte sus miedos y dudas, es sumamente importante romper con el tabú del suicidio. Diferentes estudios psicológicos han demostrado que no hablar abiertamente del suicidio es contraproducente para evitarlo. En este sentido, es preferible estar dispuestos a conocer y comprender las necesidades de nuestros hijos. Por eso: hablen con ellos, escúchenlos y, sobre todo, conózcanlos.

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Rodrigo Costal. Psicólogo General Sanitario.